Yogur de coco (con fermento casero)

¡Feliz año nuevo! Para empezar el año traigo una receta nada festiva pero que a mi me ha hecho muy feliz. Porque desde que empecé a reducir los residuos plásticos en mi vida lo máximo posible, algunas cosas se han vuelto difíciles de hacer. Como los yogures. Y, claro, yo me preguntaba cómo hacían yogur antaño, que no había neveras ni yogures de supermercado ni probióticos en cápsulas de farmacia. Entonces, descubrí el maravilloso mundo de los fermentos.

Empecé haciendo el chucrut de Eva muerde la manzana. Y me di cuenta que aquello sí que era lo que realmente había comido cuando estuve en Alemania, y no el asqueroso potingue pasteurizado que venden en algunos sitios. Luego me envalentoné y probé con el kvass de remolacha. Y, sí, es cierto eso que dice de que el kvass es un gusto adquirido… la primera vez casi me da algo pero ahora lo bebo con gusto, así que si lo pruebas dale más de una oportunidad. Y hasta me vine arriba e intenté una kombucha, aunque de esa historia mejor hablamos otro día.

El caso es que yo seguía pensando en el yogur. Cómo hacer yogur casero desde cero, sin tener que comprar ingredientes difíciles de encontrar. Y vegano, además. Así que buscando fermentos veganos y que generaran la menor cantidad posible de residuos, encontré uno que procedía de jugo de zanahoria. ¡Eureka! Probé a hacer zanahorias fermentadas con el mismo método que el chucrut y obtuve un precioso fermento capaz de convertir la leche de coco en yogur.

Por cuestión de tiempo, la leche de coco que he utilizado es comprada, con un mínimo de 80% de coco en su composición (otras leches con más agua me resultan bastante «aguachirri»), aunque también puedes elaborarla casera. Sólo tendrás que tener en cuenta el tiempo extra que te llevará realizarla y, eso sí, el yogur será totalmente zero waste. Y la sal que he usado es rosa del Himalaya; en algunos lugares se recomienda la sal marina para hacer fermentos, pero con eso de los microplásticos hasta en la sal he optado por esta y salen perfectamente.

Antes de que alguien pregunte si he probado con otros fermentos o con otras leches vegetales, adelanto que no. Yo buscaba hacer yogur de coco para que quedase lo más cremoso posible, además de dar con un fermento fácil y asequible de elaborar. Considero que la zanahoria es un ingrediente al alcance de cualquiera, por lo que he dejado de buscar alternativas. Si tú tienes otras ideas y deseas experimentar con ellas, estaré encantada de que compartas conmigo tus resultados y así continuemos aprendiendo todo el mundo.

Para hacer el fermento de zanahoria:

1 kg zanahoria (pelada)
15 grs sal

Cortar las zanahorias en tiras finas con ayuda de un pelapatatas. Ponerlas en una fuente, echar la sal por encima y machacarlas con un mortero para que suelten el jugo. Trasladar las zanahorias con su jugo a un bote hermético con goma de caucho en la boca y de al menos 1 kg de capacidad. Continuar machacando con el mortero hasta compactarlas (el cuello del bote tiene que quedar vacío y las zanahorias sin aire dentro) y hasta que echen el jugo suficiente como para que las cubra por completo. Cerrar el bote al vacío y dejar fermentar en lugar oscuro durante 4 semanas (un trastero o un bodega es ideal). Pasado ese tiempo, disfrutar de las tiras crujientes y ligeramente ácidas de zanahoria, y emplear el jugo para hacer yogur. Una vez abierto, conservar en la nevera.

Para hacer el yogur de coco:

200 ml leche de coco (mín. 80% coco)
1 cucharada jugo de zanahoria fermentada

Verter el fermento en la leche de coco y remover para que se mezcle bien. Cubrir con una tela de algodón y asegurar con una goma. Dejar reposar a una temperatura ambiente relativamente cálida (21ºC aprox.), sin que le de el sol directo, durante unas 24 horas. Refrigerar para que se termine de asentar el sabor y la consistencia.

NOTA: El punto ideal de fermentación del yogur depende bastante de la temperatura ambiental y va un poco «a nariz». Te recomiendo que vayas oliendo cada cierto tiempo para aprender a adaptarte a la temperatura que tengas en casa, que también variará en función de la estación (a más temperatuta, menos tiempo; y al revés). Sabrás cuándo está listo porque huele claramente a yogur. De todos modos, puedes ir probando a meter la punta de una cucharilla y degustarlo (eso sí, asegúrate de no volver a meter la cuchara en el yogur después de tu boca porque se estropearía el fermento). También puedes hacer varias pruebas en botes pequeños con diferentes tiempos. A mi a esa temperatura en 12 horas todavía no se me había hecho, pero con más de 24 horas ya se ponía demasiado ácido. Como todo, es cuestión de experimentar.

Publicado en 14. Dulces y Postres | Etiquetado | 1 Comentario

Chorizo de calabaza

Chorizo de calabaza

¡Hola! ¡He vuelto! Sí, llevo casi un año entero sin dar señales de vida por aquí. Y, sí, sin dar ninguna explicación (¡gracias mil a quienes preguntásteis si estaba bien!).  Y la verdad es que no sé qué va a pasar con el futuro de este blog. La vida es cambio y, casi siempre, te pilla de improvisto y te pone del revés.

Pero tenía muchas ganas de compartir esta receta (y alguna otra, que he estado de experimentos culinarios varios), porque me encantan estos chorizos. Así que, de momento, aquí estoy. La calidad de la foto no es la acostumbrada, muy a mi pesar, pero debido al tiempo era esto o nada. Y prefiero al menos compartir lo que hay.

Por cierto, parece una receta complicada porque lleva un poco de tiempo. En realidad, ya verás que es muy sencilla. Sólo que sí que hay que estar bastante tiempo pendiente del reloj. Pero, aparte de eso, tampoco es de estar mucho rato cocinando activamente. Y el resultado merece del todo la pena. Un sabor y una textura auténticos. ¡Y sin gluten!

1 calabaza grande (7 kilos aprox.)

Por cada kilo de calabaza asada (pelada y escurrida):
50 gramos pimentón ahumado
10 gramos sal
2 cucharadas orégano
2 cucharadas aceite de oliva virgen extra
1 cucharada ajo en polvo

Partir la calabaza en unos ocho trozos grandes. Colocar los trozos boca abajo (con la piel hacia arriba y la pulpa hacia abajo) repartidos sobre la bandeja y la rejilla del horno, e introducir ambos en distintas alturas del horno. Asar a 200º C durante unos 40 minutos.
Sacar la pulpa asada con una cuchara e ir echándola en un escurridor grande; desechar la piel. Dejar escurrir varias horas (durante un día o una noche, por ejemplo), recogiendo el jugo para usarlo en otras preparaciones (sopas, guisos, arroces, etc.).
Pesar la calabaza ya escurrida y añadir la proporción de especias indicada por cada kilo. Mezclar muy bien hasta lograr una masa uniforme.
Coger pequeñas porciones de masa con las manos y darles un poco de forma alargada (quedará muy húmeda y un poco amorfa de momento). Colocarlas sobre la bandeja del horno y encima de una lámina de silicona o de papel colocada sobre la rejilla. Meter en el horno y «curar» durante unas 6 horas a 75º C, dejando la puerta un poco abierta (metiendo un trapo doblado para que no se cierre del todo, por ejemplo). Al cabo de ese tiempo, volver a darles forma las manos, ya que esta será la apariencia definitiva del choricillo. «Curar» de nuevo varias horas más (ir viendo según la humedad ambiental) a igual temperatura y con la puerta abierta.
Y a disfrutar tal cual, o salteado, frito, horneado… Se pueden dejar curar más aún al estilo tradicional, colgados en algún lugar seco, pero cuidando que no se manchen (¡no tienen envoltorio!). También se puede congelar.

Publicado en 06. Hortalizas y Verduras | Etiquetado | 2 comentarios

Colines de masa madre (sin gluten)

colines de masa madre sin gluten

Como que no quiere la cosa, el final de este año ya casi está aquí. Esta no es una receta muy típica de las comidas de estas fiestas que digamos, pero tenía pendiente publicarla (además de que había recibido peticiones expresas 😉 ) y he pensado que también puede acompañar a los patés y quesos vegetales en las cenas festivas. Y aquí la traigo justo a tiempo.

Estos colines los hago con mi masa madre de arroz, y es la receta que más me ha gustado de las que he ido probando hasta ahora. Lo ideal sería, al usar masa madre, preparar la masa y dejar reposar para que fermente… pero la verdad es que no suelo acordarme de prepararla con antelación suficiente, así que la dejo reposar sólo el rato que tardo en ir preparando el hummus o el queso cremoso. El resultado es muy satisfactorio: crujientes por fuera y “aireados” por dentro.

¡Feliz cena y felices fiestas!

200 gramos masa madre de arroz
100 gramos harina de trigo sarraceno
150 gramos almidón de yuca
100 gramos agua
15 gramos aceite de oliva virgen extra (y un poco más para aceitar)
1 pizca sal
semillas o especias (sésamo, lino, orégano, perejil, sal gruesa…), opcional

Mezclar bien todos los ingredientes en un bol, primero con la cuchara para terminar amasando con las manos. Cubrir con un paño y dejar reposar, mientras se precalienta al horno. Coger pequeñas porciones de masa y darles forma de colines, colocándolos después sobre la bandeja del horno aceitada. Hornear a 200º C en el horno precalentado, añadiendo vapor de agua (con agua sobre piedras volcánicas calientes, por ejemplo) en el momento de introducir los colines en el horno, durante 30 minutos. Dejar enfriar sobre una rejilla, y conservar en recipiente hermético.

Publicado en 08. Cereales | Etiquetado | Deja un comentario

Jabón multiusos

jabon multiusos

Desde hace algún tiempo venía usando jabón casero para lavabo y ducha. Pero, desde que empecé mi búsqueda por reducir el plástico en el día a día, he estado buscando también alternativas para el “jabón de limpiar”. Finalmente, la opción que más práctica me resulta es este jabón multiusos que copié de Ateroide Jabonero en su versión más básica.

Es multifunción porque se puede usar tanto para fregar la vajilla (frotando un estropajo o cepillo directamente sobre la pastilla) como para lavar la ropa en lavadora. Para este último uso, al principio troceaba y molía el jabón (como se hace en la receta original) pero, además del esfuerzo que me suponía, al final no me resultó tan práctico. Así que lo que hago es cada vez rallar un poco directamente de la pastilla con un rallador encima del cajón de la lavadora para el jabón (queda una pastilla dura, ralla fácilmente). Se tarda un momento y cuesta menos de lo que me parecía en un primer momento.

Y, ahora, ¡al turrón!… digo… ¡al jabón!

Ingredientes para el jabón (sobreengrasado de -15% y concentración del 38%):
1 kilo aceite de oliva (usado o nuevo)
167 gramos sosa caústica (mínimo 99% de hidróxido sódico)
272 gramos agua (fría o a temperatura ambiente)

Equipo de protección:
gafas de protección (para evitar salpicaduras a los ojos)
guantes de látex (para evitar salpicaduras a la piel)
delantal (para evitar salpicaduras a la ropa)
mascarilla (para evitar inhalar vapores)

Utensilios:
3 recipientes (acero, vidrio o plástico resistente)
1 báscula de precisión
1 cuchara o pala de madera (exclusiva para hacer jabón; no reutilizar para otra cosa)
1 batidora de mano
1 molde (silicona, madera o plástico resistente) o varios pequeños
1 cucharón (opcional, para verter el jabón en moldes pequeños)

1. Pesar el aceite, la sosa y el agua destilada en tres recipientes por separado (yo usé uno grande de acero para el aceite y dos de vidrio para lo demás).
2. Echar poco a poco y con cuidado la sosa sobre el agua, removiendo suavemente con la cuchara de madera (¡muy importante!: no hacerlo al revés porque por la reacción química aumenta mucho la temperatura, y así puede salpicar y quemar la piel o la ropa; por eso también hay que protegerse bien).
3. Después de haber disuelto toda la sosa en el agua (no deben quedar posos, porque comprometerían la calidad del jabón y además podría resultar tóxico), dejar reposar unos minutos hasta que pase de tener un aspecto blanquecino a uno totalmente transparente.
4. Verter la lejía (así se llama a la mezcla de sosa disuelta en agua) sobre el aceite, y mezclar bien con la cuchara de madera.
5. Retirar la cuchara, y comenzar a batir con la batidora suavemente (con cuidado de no salpicar) durante un buen rato hasta obtener la traza (es la consistencia espesa en la que se podría “escribir” porque se quedan las marcas de los surcos que vamos haciendo).
6. Incorporar entonces algún aceite esencial (ej. lavanda…) si se desea (así conserva mejor sus propiedades) y volver a mezclar completamente con la cuchara de madera. Si no se añade, omitir este paso sin más.
7. Verter sobre un molde (yo empleé uno de silicona para desmoldar más fácilmente), alisar un poco la superficie con la cuchara.
8. Dejar solidificar durante unas 48 horas, desmoldar con cuidado y cortar en pastillas gruesas. Por último, guardar durante 4 semanas en un lugar fresco y seco para que se termine de “curar”.

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Aceitunas

aceitunas

Inauguro mi estación preferida del año con una receta para la preparación de aceitunas desde cero. Por estas fechas suelen verse en algunas fruterías aceitunas frescas (en algunas sólo por encargo, puedes preguntar a ver si te las traen), o si sabes de algún olivo cercano es momento de recogerlas. Así que si tienes la oportunidad te animo a que te atrevas a prepararlas caseras, porque después de probarlas ya no querrás volver a las que venden ya preparadas. Además, se pueden hacer con una salmuera que lleva menos sal o, incluso, conservarlas en aceite. Y hasta aliñarlas al gusto, ¡son todo ventajas!

aceitunas2

aceitunas
agua
sal y/o aceite de oliva
condimentos (laurel, cebolla, ajo, romero, tomillo, mostaza, pimienta, jengibre…)

Hacerles dos cortes con un cuchillo a las aceitunas, lavarlas, meterlas en botes de vidrio y cubrirlas con agua. Una vez al día, durante cuatro semanas, escurrir el agua y volver a cubrirlas con agua nueva para ir quitándoles el amargor. Después, escurrirlas por última vez (probarlas antes por si aún necesitaran una semana más) y lavarlas bien. Volver a meterlas en botes, junto con los condimentos al gusto, y cubrirlas o bien con salmuera (por cada litro de agua disolver 50 gramos de sal) más un chorrito final de aceite o bien sólo con aceite de oliva (este aceite quedará muy sabroso para aliñar ensaladas). Cerrar bien los botes; se conservan hasta un año, si llegan.

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