Bizcocho de coco

Bizcocho de coco

Compré un paquete de coco rallado para hacer ya-no-me-acuerdo-el-qué, y acabó relegado al cajón de los paquetes olvidados y a punto de caducar. Así que se me ocurrió adaptar la receta del bizcocho de arroz al cacao (aunque últimamente, con minichef, era el bizcocho de arroz a la algarroba) para darle salida y convertirlo en un bizcocho de coco.
Ya de paso empleé también azúcar y aceite de coco, que tenía por casa, para redondear el sabor al susodicho. Y antes de que pongas alguna pega al sabor de los dulces de coco, te diré que resulta un toque muy suave y para nada cargante (demostrado en la cata realizada por beta testers). De hecho, minichef, que no quería un bizcocho que no fuera de algarroba, ya está demandando repetir este de coco. Ahí queda eso.
120 gramos harina integral de arroz
80 gramos almidón de yuca
50 gramos coco rallado
1/2 cucharadita psyllium
1 sobre (15 gramos) levadura para repostería
300 gramos agua
100 gramos azúcar de coco
20 gramos aceite de coco
Mezclar en un bol la harina de arroz, el almidón de yuca, el coco rallado, la levadura y el psyllium. En otro bol, batir el azúcar de coco (también se puede usar panela en su lugar), el agua y el aceite de coco (previamente derretido al baño maría; o de oliva, en sustitución) con ayuda de unas varillas. Ir incorporando poco a poco la mezcla de harinas a los líquidos, y mezclar hasta lograr una masa homogénea sin grumos. Verter en un molde (de silicona o metálico engrasado) de unos veinte centímetros de diámetro, y hornear a 175º C durante 35 minutos. Desmoldar y dejar enfriar sobre una rejilla.
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Publicado en 14. Dulces y Postres | Etiquetado | Deja un comentario

Vinagre de manzana

vinagre manzana

Sí, como suena: una receta de vinagre de manzana. Vinagre casero. Yo tampoco me había planteado nunca hacer vinagre en casa, ni me había imaginado cómo se hacía. Pero investigando sobre el tema de reducir residuos encontré el blog Cualquier cosita es cariño, donde se explica lo fácil que es.
Porque, sí, es tan sencillo como que se hace él prácticamente solo. Y tan barato-casi-gratis, con los desperdicios de las manzanas que tirarías a la basura después de hacer una compota. Además, el vinagre no sólo sirve para aliñar las comidas, que también, y encima queda con un sabor suave aunque con más cuerpo. Es tan versátil que puede utilizarse para elaborar cosmética casera, vinagres medicinales y productos de limpieza (próximamente…). Y sin sulfitos.

vinagre manzana

restos de manzanas (pieles, corazones)
agua
uvas pasas / panela /azúcar (1 cucharada por cada vaso de agua)
Echar los restos de varias manzanas en un tarro grande de cristal (las que tengas; también se pueden ir guardando en el congelador cada vez que te comas una manzana y luego usarlos todos juntos). Añadir agua hasta llenar el recipiente (yo usé uvas pasas para alimentar a los fermentos, sin azúcar; pero si se emplea azúcar o panela, disolver antes en cada vaso de agua) y las uvas pasas. Asegurarse de que ningún trozo queda sin cubrir con agua (se puede poner algo encima, como un tarro más pequeño vacío, para que los trozos no floten; yo uso una tapadera de cristal de la taza para las infusiones), porque si no sale moho y se echa a perder. Cubrir con una tela y ajustar con una goma. Guardar en lugar seco y oscuro (como un armario de la cocina o la despensa).
Dejar dos semanas. Sólo hay que ir comprobando de cuando en cuando que no haya ningún trozo flotante al que le de el aire, para vigilar que no salga moho. Es normal, y deseable, que al principio aparezcan burbujas alrededor de los trozos, y luego un sedimento en el fondo y una capa blanca en la superficie (la madre del vinagre); forma parte del proceso de fermentación. Al cabo de las dos semanas, colar los trozos y volver a echar el líquido en el mismo recipiente para aprovechar ese sedimento. Cubrir con tela y goma, y guardar en el mismo lugar.
Dejar mínimo otras dos semanas, o más (depende de la temperatura ambiental, más frío = más tiempo; y creo que también del endulzante empleado: con uvas pasas tardó cinco más, es decir, siete en total) hasta que huela a vinagre (si huele como a alcohol de manzana, aún le falta). Filtrar (guardando el sedimento y la capa flotante para la siguiente tanda de vinagre, ya que acelerará el proceso). Verter en un recipiente de vidrio y conservar en la nevera (para detener la fermentación).
Publicado en 03. Aliños y Salsas | Etiquetado | 2 comentarios

Masa madre de arroz

masa madre arroz
Si había algo que echaba en falta desde que hago panes sin gluten, es el olor y el sabor de los panes elaborados con masa madre. Había intentado en una ocasión hacer masa madre de arroz pero, no sé porqué, el resultado no fue el esperado. Y por eso desistí. Resultaba mucho más cómodo ir tirando de levadura fresca comercial… aunque, en realidad, no era tan práctico.
Donde vivimos ahora no está disponible esta levadura fresca que viene en dos tacos, y siempre teníamos que ir a comprarla a algún sitio más grande de alrededor. Además, para el pan sin gluten empleaba muy poca cantidad de levadura, con lo que sólo me daba tiempo a usar uno de los dos tacos, porque el otro siempre se me pasaba de fecha y terminaba llenándose de moho. Y, por último, me daba dolor, además de tirar la mitad de levadura, generar residuos con todos esos papelitos y bolsitas plastificados.
Así que un día me envalentoné y volví a intentar hacer masa madre de arroz. Y, para mi alegría, esta vez salió genial. Desde entonces, no vuelvo a la comercial por nada del mundo. No sólo me libro de depender de las tiendas, sino que hemos ganado en un pan mucho más delicioso y que se conserva durante más tiempo. Aquí te comparto cómo la he hecho yo. Próximamente, la receta del pan (y de la pizza) con masa madre.
harina de arroz integral
agua
1º día: Mezclar 50 gramos de harina y 50 gramos de agua (siempre a temperatura ambiente) en un tarro de vidrio, hasta que no queden grumos. Cubrir con una tela de algodón/lino y ajustar al tarro con una goma. Dejar reposar en un lugar oscuro, seco y cálido (yo lo pongo en lo alto de un armario de la cocina).
2º día: Remover la mezcla. Volver a tapar con tela y goma. Reposar en el sitio anterior.
3º día: Añadir 25 gramos de harina y 25 gramos de agua. Mezclar, tapar, reposar.
4º día: Añadir 25 gramos de harina y 25 gramos de agua. Mezclar, tapar, reposar. A partir de ahora puede estar ya lista (ha aumentado su volumen, se ha “hinchado”, y está llena de burbujitas) para hacer pan; si no, continuar como en los días 3 y 4, hasta verla bien activa.
5º día y siguientes: Si se va a seguir usando con bastante frecuencia, dejarla en el lugar oscuro y seguir alimentándola cada día con igual cantidad de harina y agua (yo pongo 25 gramos de cada). Si no se va a utilizar durante un tiempo (por ejemplo, te vas de vacaciones), guardarla en la nevera; cuando se vuelva a usar, refrescarla otra vez con mismo peso de harina y de agua, y continuar como de costumbre.
Publicado en 08. Cereales | Etiquetado | Deja un comentario

{RNC} Enjuague bucal de tomillo

enjuague bucal tomillo

Una receta cosmética casera muy fácil de hacer y que resulta tan práctica es el enjuague bucal. Cogí la idea al ver el enjuague bucal casero del blog Vivir sin plástico. Es, básicamente, una infusión de tomillo con bicarbonato a la que se pueden añadir algunos extras según el gusto o la necesidad de cada cual.
Resulta que el tomillo (principio activo: timol) es antiséptico y antiinflamatorio, así que por eso es el protagonista del enjuague. Además, el bicarbonato ayuda a neutralizar las bacterias que provocan placa dental y mal aliento. Y los aceites esenciales son antibacterianos: la menta (p. a.: mentol) ayuda a producir saliva, la salvia (p. a.: cineol) es blanqueante y cuida las encías… (yo, como no tenía por casa, añadí unas hojitas frescas de mis plantas, además de una gota de árbol del té que también es antiséptico).
1 cucharadita de tomillo
1 vaso agua
1 ramita menta y/o salvia
1 cucharadita bicarbonato
1 gota aceite de árbol del té
Llevar a ebullición el agua; retirar del fuego, añadir el tomillo (y menta o salvia si se utiliza), tapar y dejar infusionar durante 5 minutos. Colar la infusión, añadir el bicarbonato y remover para que se disuelva. Dejar enfriar y, una vez frío, añadir el aceite esencial deseado. Guardar en recipiente de cristal cerrado, y conservar en el frigorífico (sacar un rato antes de usar para que se temple).
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Crema de guisante y aguacate

crema guisante aguacate

Ante el frío invernal, no hay nada como una buena crema casera. Unos tiernos guisantes frescos y un cremoso aguacate crean una combinación sabrosa y contundente, donde el cilantro recién cortado del maceto-huerto pone la guinda perfecta.
Esta receta surgió ante la necesidad de una dieta triturada para minichef, que tuvo un pequeño accidente con los dientes y tuvo que comer todo en puré durante unos días. Se me ocurrió juntar estos dos ingredientes que le encantan, pero la verdad es que no le apetecía nada otro puré más (quería comida “para masticar”) y al final me la comí yo.
El caso es que me gustó mucho así que aquí te la traigo por si te apetece un plato de cuchara. Bon appetit!
360 gramos guisantes (1 kg aprox. con vaina)
1 cebolla morada
4 ajos
1 aguacate
1 pizca sal
cilantro fresco
aceite de oliva virgen extra
Cocer al vapor los guisantes, junto con la cebolla y los ajos, durante unos 20 minutos hasta que estén tiernos. Triturar todo con el aguacate, una pizca de sal y parte del caldo de la cocción (al gusto, según la consistencia deseada). Servir caliente, con cilantro fresco picado y un chorrito de aceite de oliva.
Publicado en 05. Sopas y Cremas | Etiquetado | 3 comentarios

{RNC} Crema de aloe vera y caléndula para piel sensible

crema aloe calendula piel sensible

Si tienes la piel sensible, sabrás que hay temporadas en que sufre especialmente. Este invierno yo tenía la cara más seca e irritada de lo habitual. Por eso, estuve mirando alguna buena crema lo más natural y ecológica posible (sin alcohol para que no me reseque aún más), y que viniera con envase de vidrio. Bueno, pues no encontré ninguna que me convenciera. Así que me puse a investigar para hacerla yo misma.
Resulta que las cremas, que tienen esa textura suave y fluida, llevan agua. Y, para que no se estropeen debido a ese contenido de agua, les echan conservantes. ¿Solución? Hacer una crema que sea toda “grasa”, porque así se conserva bien mucho más tiempo, pero sin que sea sólo aceite, que no me terminaba de funcionar. Como la crema batida de karité y rosa mosqueta que me di en el embarazo. Pero es que además, leyendo el foro de Mendrulandia, he descubierto la gran solución de aplicar este tipo de cremas sobre la piel húmeda, logrando así la emulsión con agua en el mismo momento de la aplicación al mismo tiempo que la crema se conserva estupendamente sin aditivos.
Esta vez, para lograr una crema muy blandita, empleé una proporción de 60% de mantecas (karité, sobre todo, y cacao) y 40% de aceites (albaricoque, jojoba, caléndula y coco). También le añadí un poco de pulpa fresca de mi planta de aloe vera (usar como máximo un 20% de la cantidad total). Todos ellos ingredientes ideales para hidratar, nutrir y reparar una piel sensible, tanto de la cara como del resto del cuerpo y tanto de día como de noche.
50 gramos manteca de karité
10 gramos manteca de cacao
10 gramos aceite de albaricoque
10 gramos aceite de jojoba
10 gramos oleado de caléndula (en aceite de almendras dulces)
5 gramos aceite de coco
5 gramos pulpa de aloe vera
Derretir las mantecas de karité y cacao en un recipiente de cristal (no metálico) al baño maría y a fuego muy bajo, removiendo con una cuchara de madera. Retirar del fuego, añadir los aceites y el aloe, y mezclar bien. Dejar enfriar unos pocos minutos (en el congelador) hasta que empiece a espesar y oscurecer (pasa de color transparente a amarillento). Batir suavemente con la batidora de mano (mejor si es de varillas, quedará más esponjosa) hasta que la mezcla se vuelva blanca y consistente como mousse o nata montada (si es necesario, porque está líquida, repetir el paso de enfriar la mezcla y volver a batir). Verter en recipientes de vidrio esterilizados y cerrar.
Aplicar una cantidad muy pequeña sobre la piel ligeramente húmeda (vaporizando agua o después de lavar la cara o tras la ducha) y masajear hasta que se absorba por completo.

 

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Mantecados de cacahuete

mantecados mantequilla cacahuete

¡Feliz año nuevo! Llego justo el último día de fiestas navideñas para enseñaros los deliciosos mantecados veganos y sin gluten que preparó mi madre, basados en estos de Mi carnívoro y yo.
Sí, este fin de año no he estado muy cocinillas y he tenido el blog descolgado, pero tengo algunas ideas para darle una vuelta de tuerca a partir de ahora. Porque, además, este mes… ¡¡¡Cocina de Nihacc cumple diez años en la blogosfera!!!
Por cierto, si lo que quieres es ver recetas de roscón, puedes ver aquí una vegana y otra aquí vegana y sin gluten. ¡Buen provecho y buena entrada de año!
100 gramos harina de trigo sarraceno
40 gramos harina de arroz
80 mililitros (+ 2 cucharadas) aceite de coco
80 mililitros (+1 cucharada) mantequilla de cacahuete
30 gramos panela / azúcar de coco
2 cucharadas sirope de agave
Extender las harinas en la bandeja del horno y hornear diez minutos a 175º C, cuidando que no se tuesten demasiado; dejar enfriar.
Mezclar todos los ingredientes en un bol, empezando con la cuchara y acabando con las manos, hasta lograr una masa homogénea aunque quebradiza. Dejar reposar una media hora en la nevera.
Formar los mantecados con las manos, a rellenar en moldes tipo magdalenas. Hornear a 180º C durante diez minutos.
Dejar enfriar cinco minutos antes de trasladarlos para dejarlos enfriar luego completamente. Conservar en un recipiente hermético.
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